Por Iván Castelló (Prisacom) A este cuerpo pertenecen unos 2.200
hombres, después de pasar por exigentes pruebas
(42 flexiones en 2 minutos, por ejemplo, y aptitudes
casi de récord deportivo en natación
y buceo) y tres condiciones: ser hombres, tener una
visión perfecta y no pasar de los 28 años.
Todo eso antes de sufrir la temida “Hell week”
(semana infernal), en la que durante cinco días
en Coronado (California) sólo pueden dormir
dos horas en total. Su modo de actuación se
divide en “Teams” (equipos) y cubren todo
el planeta a través de las diferentes bases
estadounidenses.
Nacieron a partir de los equipos NCDU (Navy Combat
Demolition Units) de 1943, dedicados a reconocer las
playas antes de los desembarcos estadounidenses en
la II Guerra Mundial. Fueron oficialmente creados
en 1962, con activa presencia en Vietnam y resto de
conflictos. Intervinieron en la liberación
de los pasajeros del crucero turístico italiano
por el Mediterráneo “Achille Lauro”,
en 1985, secuestrado por el comando palestino Abu
Abas.
Dentro de los SEAL, cumplen un papel muy activo los
denominados “Frogmen” (hombres rana),
especialistas en el buceo de combate. Deben aprobar
duros exámenes de resistencia bajo el agua,
como los 50 metros de buceo a pulmón libre
o los tres kilómetros de distancia en mar abierto
en menos de 90 minutos, aunque con la ayuda de aletas.
También son expuestos a casos extremos en
el centro de adiestramiento de la isla de San Clemente,
donde en una gigante piscina adaptada (que puede reproducir
tormentas y olas gigantes) deben superar imponderables
como el corte inesperado del suministro de la bombona
de oxígeno o la pérdida de las gafas
y el respirador. Son expertos en cartografía
y disponen de una flota de mini submarinos para acercarse
a la costa sin ser detectados, pero también
conocen la técnica del paracaidismo de precisión.
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