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Cuando las mentiras tratan de enmascarar la muerte de civiles inocentes, pasan a convertirse en las falacias y embustes que acompañan a los crímenes de guerra.
Es lo que ocurrió ayer con la muerte, de un grupo de mujeres y niños que viajaban en una furgoneta.
Eran las cuatro y media de la tarde. Es decir, a plena luz del día en Irak. Una furgoneta se acerca a un control militar en Nayaf, al sur de Bagdad. A partir de ahí los mandos militares de EEUU aseguran que los soldados de la 2ª Brigada de la 3ª División, dieron el alto a la furgoneta, después dispararon al aire, más tarde al motor, y como no se detenía, y como último recurso, dispararon a los pasajeros. Lo decía el vicepresidente de la Junta de Estado Mayor, Peter Pace. 
La verdad de lo ocurrido la cuenta el periodista William Branigin, del Washington Post, que presenció la escena.
El capitán Ronni Johnson ve cómo se acerca el vehículo y ordena a sus soldados un disparo de advertencia. Nadie le obedece. En medio de un nerviosismo generalizado pide después a sus hombres que disparen con fuego ligero al radiador de la furgoneta.
A partir de ahí, los gritos y la histeria que tantas veces hemos visto en las películas americanas sobre Vietnam.
¡Párelo, ROJO 1 , párelo ! grita el capitán Johnson.
Un Carro de combate Bradley abre fuego de ametralladora de grueso calibre. Se oyen al menos 12 disparos.
¡ ¡Alto el fuego!, grita el capitán Johnson mientras mira con los prismáticos al vehículo acribillado. Después masculla en voz alta: "Acabáis de matar a una familia por no haber realizado a tiempo los disparos de advertencia". Total: cinco mujeres y cinco niños muertos.
Todavía con naúseas en el estómago me atrevo a recordar que las llamadas fuerzas aliadas son tropas que han invadido un país. Y los soldados que matan a mujeres y niños no son otra cosa que criminales de guerra. Aunque tengan 20 años, sean novatos y estén histéricos de miedo por el atentado suicida del pasado domingo en Nayafe.
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