Por Iván Castelló (Prisacom) El objetivo de muchos jóvenes
militares es formar parte de este grupo legendario,
que se destaca por la ausencia de disciplina rígida
en el día a día, pero con manos libres
para operaciones secretas, muchas más de las
que se han podido conocer. Incluso hay miembros de
Delta Force que llevan una vida aparentemente civil
hasta que un vecino lo ve salir de viaje con el petate.
Suelen ser captados personalmente entre otras fuerzas
por los responsables del 1st Special Forces Operational
Detachment, y deben cumplir el requisito de ser varón,
de más de 22 años y nadar cien metros
con el uniforme y las botas sin ahogarse. El origen
del grupo puede datar de 1977, cuando un coronel formó
la unidad tras lo aprendido en su experiencia con
los SAS británicos.
Algún fracaso ha mancillado su historial
de cuerpo de élite poco menos que inmortal.
Un equipo Delta participó junto a la CIA en
el desastroso intento de liberación de los
rehenes de la Embajada de EEUU en Teherán,
y sufrieron más bajas de las previstas cuando
en Afganistán intentaron asaltar un palacete
talibán. También salieron mal parados
de la batalla de Mogadiscio (Somalia), en 1993 (dos
muertos), al verse acorralados por la turba local
que odiaba su presencia, y aún no han encontrado
al enemigo número 1 de EE UU, Osama Bin Laden,
en la montañosa frontera entre Afganistán
y Pakistán. Fueron como la "guardia de
corps" del general Norman Schwarzkopf en la Tormenta
del Desierto en 1991, primer acto de la guerra en
Irak, y también son usados como fuerza antiterrorista.
Actuaron contra los davidianos en el asedio al rancho
de Waco (Texas) en 1993.
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