Hombres y
mujeres del Renacimiento
Bernardo
Marín, Santo Domingo

Una expedicionaria practica esgrima en la playa de La Isabela
(José Luis Cuesta).
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En el siglo XV, el mismo en el que Colón se paseó
por primera vez por las costas de la isla de Santo Domingo,
Europa, y especialmente Italia, echaba la mirada atrás
en el tiempo y ponía sus ojos en el mundo clásico
de Grecia y Roma. Se recuperaba el interés por el arte
y por la ciencia, aletargado durante la Edad Media, y florecía
un tipo hombre muy especial que se caracterizaba por querer
saber absolutamente todo de todo. Echando por tierra el refrán
de que quien mucho abarca poco aprieta, surgieron figuras como
Rafael, Miguel Ángel o, el más emblemático
de todos, Leonardo da Vinci, que fue pintor, escultor, ingeniero,
músico, inventor...y, lo más difícil, brilló
en todos los campos.
Cinco siglos después los jóvenes de la Ruta Quetzal
BBVA tienen la ocasión de vivir durante unos días
como aquellos hombres del Renacimiento, que intentaron absorber
todo el saber que les permitió su limitada condición
humana. Quizás sólo durante los 45 días
que dura el viaje. O, quizás, éste sirva de germen
para abrir para siempre en ellos el apetito del conocimiento.
La oferta no puede ser más amplia. La ciencia la pone
el astrofísico Javier Armentia, director del Planetario
de Pamplona, un tipo cuyo extraordinario sentido del humor sólo
es comparable a su rigor. Haciendo buena la frase de que divertido
es lo contrario de aburrido y no de serio, Armentia invita a
los jóvenes cada vez que la noche es propicia a un paseo
por el firmamento y literalmente los secuestra con su amenísimo
discurso. Enemigo declarado de la pseudociencia, no pierde ocasión
para rebatir, con argumentos científicos y fina ironía,
los argumentos de astrólogos y charlatanes.
Las bellas artes y, en especial el dibujo, son el terreno de
Julián Santamaría, un burgalés de Reinosa,
autoridad mundial en el cartelismo, Premio Nacional de Artes
Decorativas y Premio Mundial de Carteles y de Grabados. Ya se
ha hecho un grupo de alumnos incondicionales como la expedicionaria
Irene Atienza, que quiere pedir una beca para estudiar Bellas
Artes en algún país de América o Lina,
la joven colombiana. De sus trabajos dice lo mejor que según
él puede decirse de un cartel, esto es que "le llegan".
Santamaría, con su peculiar estilo pedágogico
algo naif que hace furor entre los expedicionarios, recomienda
a todos la misma receta mágica a la hora de elaborar
un cartel: que se usen los menos elementos posibles. Este año
se ha empeñado en que los trabajos plásticos de
los chicos superen a los de la expedición pasada, aunque
por lo que hemos visto en Santo Domingo, donde se han expuesto
los del 2002 con gran éxito, lo va a tener difícil.
De momento se ha convertido en el primer abuelo en la historia
de la Ruta que la comparte con su nieto, Íñigo,
expedicionario de este año.
Para los amantes del deporte, la Ruta Quetzal ha incluido este
año clases de un deporte tan desconocido como atractivo
para la mayoría: la esgrima. Su profesor es, además,
la persona de más edad que jamás se embarcado
en esta aventura: el maestro sueco Martin Kronlund, de 87 años.
Dotado de un envidiable estado de forma, Martin, cuyo único
achaque de momento un poco de sordera, enseña a los chicos
los desplazamientos, las diferentes posiciones y el saludo en
la esgrima, aunque aún no han practicado combate por
falta de las protecciones necesarias. A su edad mantiene intactas
las cualidades que, según predica a los chicos, debe
tener un buen esgrimista: coordinación, rapidez, agilidad,
capacidad de control e intuición.
Con todo es quizá la historia la disciplina que esta
más presente en la Ruta Quetzal, no en vano este año
la expedición conmemora un acontecimiento como el cuarto
viaje de Colón. Como expertos viaja con los jóvenes
el matrimonio compuesto por Consuelo Varela, investigadora del
Consejo Superior de Investigaciones Científicas de la
Escuela de Estudios Hispanoamericanos de Sevilla, y Juan Gil,
catedrático de filología latina de la Universidad
de Sevilla. Consuelo ha hablado a los chicos del cuarto viaje
colombino y Juan de los mitos y utopías del descubrimiento.
Sus conferencias son de las que despiertan mayor interés
en los jóvenes, muchos de los cuales hicieron trabajos
sobre estos temas para acceder a la Ruta. Precisamente por ello,
ambos lo pasan un poco mal en el turno final de preguntas. "Estos
chicos saben demasiado", bromea Consuelo.
....Y la música, claro. Presente en la Ruta a todas horas.
Desde el sencillo Tía María, con el que
el jefe del campamento, Jesús Luna, despierta todas las
mañanas a los expedicionarios, hasta los conciertos de
música barroca que ofrece el aula que dirige Alicia Lázaro,
pasando por las alegres charangas con las que los titiriteros
anuncian nuestra llegada a pueblos y ciudades.
Este año, para su aula de música, Alicia tiene
más de 30 músicos (nueve cuerdas, 12 vientos,
7 pianistas, cinco guitarristas y cuatro percusionistas) y casi
20 voluntarios para el coro. Entre los instrumentalistas cuenta
con verdaderos virtuosos como Melania Martínez (flauta
travesera), José Emilio Gómez (saxo y, a la vez,
compositor), Andrés González (pianista) y un griego
muy especial, Dorian Calabrezos, que toca flamenco con la guitarra.
En el coro destaca la voz de Romina Granda, nieta de la cantante
Chabuca Granda.
¿Cuáles son los trucos para coordinar una orquesta
tan heterogénea compuesta por chicos de países
tan diversos y con niveles tan diferentes? En primer lugar,
la experiencia de 20 años de docencia, asegura Alicia.
En segundo lugar, la selección de obras que puedan tocarse
con cualquier instrumento. En tercer lugar hacer arreglos para
intentar dar a todos, incluso a los menos expertos, un papel,
aunque sea sencillo, para que nadie se quede sin tocar. La cuestión
es implicar al máximo número de jóvenes
-y también de otros expedicionarios, periodistas, organizadores,
profesores- sin que por ello se resienta la calidad de la interpretación.
Esta año el grupo de viento se va a centrar en interpretar
danzas del Renacimiento. Los violines ensayan un concerto grosso
de Corelli y el canon de Pachebel. El coro prepara el Romance
de Cardeño en Sierra Morena para cantarlo durante la
Ruta del Quijote y un guineo (canciones compuestas en España
de temas americanos). Todos juntos interpretarán obras
de dos películas conocidas, La Misión y
La Vida es Bella, arregladas por el expedicionario José
Emilio Gómez, y una danza de hachas, obra típica
de la República Dominicana que se interpretaba para amenizar
el trabajo en el campo. Los jóvenes darán pequeños
concierto aquí y allá durante todo el viaje pero
su gran cita será el festival de Música Joven
de Música Clásica de Segovia. Están todos
invitados.
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