Enviado Especial - 1-07-2003
Hombres y mujeres del Renacimiento
Bernardo Marín, Santo Domingo


Una expedicionaria practica esgrima en la playa de La Isabela (José Luis Cuesta).

En el siglo XV, el mismo en el que Colón se paseó por primera vez por las costas de la isla de Santo Domingo, Europa, y especialmente Italia, echaba la mirada atrás en el tiempo y ponía sus ojos en el mundo clásico de Grecia y Roma. Se recuperaba el interés por el arte y por la ciencia, aletargado durante la Edad Media, y florecía un tipo hombre muy especial que se caracterizaba por querer saber absolutamente todo de todo. Echando por tierra el refrán de que quien mucho abarca poco aprieta, surgieron figuras como Rafael, Miguel Ángel o, el más emblemático de todos, Leonardo da Vinci, que fue pintor, escultor, ingeniero, músico, inventor...y, lo más difícil, brilló en todos los campos.

Cinco siglos después los jóvenes de la Ruta Quetzal BBVA tienen la ocasión de vivir durante unos días como aquellos hombres del Renacimiento, que intentaron absorber todo el saber que les permitió su limitada condición humana. Quizás sólo durante los 45 días que dura el viaje. O, quizás, éste sirva de germen para abrir para siempre en ellos el apetito del conocimiento.

La oferta no puede ser más amplia. La ciencia la pone el astrofísico Javier Armentia, director del Planetario de Pamplona, un tipo cuyo extraordinario sentido del humor sólo es comparable a su rigor. Haciendo buena la frase de que divertido es lo contrario de aburrido y no de serio, Armentia invita a los jóvenes cada vez que la noche es propicia a un paseo por el firmamento y literalmente los secuestra con su amenísimo discurso. Enemigo declarado de la pseudociencia, no pierde ocasión para rebatir, con argumentos científicos y fina ironía, los argumentos de astrólogos y charlatanes.

Las bellas artes y, en especial el dibujo, son el terreno de Julián Santamaría, un burgalés de Reinosa, autoridad mundial en el cartelismo, Premio Nacional de Artes Decorativas y Premio Mundial de Carteles y de Grabados. Ya se ha hecho un grupo de alumnos incondicionales como la expedicionaria Irene Atienza, que quiere pedir una beca para estudiar Bellas Artes en algún país de América o Lina, la joven colombiana. De sus trabajos dice lo mejor que según él puede decirse de un cartel, esto es que "le llegan".

Santamaría, con su peculiar estilo pedágogico algo naif que hace furor entre los expedicionarios, recomienda a todos la misma receta mágica a la hora de elaborar un cartel: que se usen los menos elementos posibles. Este año se ha empeñado en que los trabajos plásticos de los chicos superen a los de la expedición pasada, aunque por lo que hemos visto en Santo Domingo, donde se han expuesto los del 2002 con gran éxito, lo va a tener difícil. De momento se ha convertido en el primer abuelo en la historia de la Ruta que la comparte con su nieto, Íñigo, expedicionario de este año.

Para los amantes del deporte, la Ruta Quetzal ha incluido este año clases de un deporte tan desconocido como atractivo para la mayoría: la esgrima. Su profesor es, además, la persona de más edad que jamás se embarcado en esta aventura: el maestro sueco Martin Kronlund, de 87 años. Dotado de un envidiable estado de forma, Martin, cuyo único achaque de momento un poco de sordera, enseña a los chicos los desplazamientos, las diferentes posiciones y el saludo en la esgrima, aunque aún no han practicado combate por falta de las protecciones necesarias. A su edad mantiene intactas las cualidades que, según predica a los chicos, debe tener un buen esgrimista: coordinación, rapidez, agilidad, capacidad de control e intuición.

Con todo es quizá la historia la disciplina que esta más presente en la Ruta Quetzal, no en vano este año la expedición conmemora un acontecimiento como el cuarto viaje de Colón. Como expertos viaja con los jóvenes el matrimonio compuesto por Consuelo Varela, investigadora del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de la Escuela de Estudios Hispanoamericanos de Sevilla, y Juan Gil, catedrático de filología latina de la Universidad de Sevilla. Consuelo ha hablado a los chicos del cuarto viaje colombino y Juan de los mitos y utopías del descubrimiento. Sus conferencias son de las que despiertan mayor interés en los jóvenes, muchos de los cuales hicieron trabajos sobre estos temas para acceder a la Ruta. Precisamente por ello, ambos lo pasan un poco mal en el turno final de preguntas. "Estos chicos saben demasiado", bromea Consuelo.

....Y la música, claro. Presente en la Ruta a todas horas. Desde el sencillo Tía María, con el que el jefe del campamento, Jesús Luna, despierta todas las mañanas a los expedicionarios, hasta los conciertos de música barroca que ofrece el aula que dirige Alicia Lázaro, pasando por las alegres charangas con las que los titiriteros anuncian nuestra llegada a pueblos y ciudades.

Este año, para su aula de música, Alicia tiene más de 30 músicos (nueve cuerdas, 12 vientos, 7 pianistas, cinco guitarristas y cuatro percusionistas) y casi 20 voluntarios para el coro. Entre los instrumentalistas cuenta con verdaderos virtuosos como Melania Martínez (flauta travesera), José Emilio Gómez (saxo y, a la vez, compositor), Andrés González (pianista) y un griego muy especial, Dorian Calabrezos, que toca flamenco con la guitarra. En el coro destaca la voz de Romina Granda, nieta de la cantante Chabuca Granda.

¿Cuáles son los trucos para coordinar una orquesta tan heterogénea compuesta por chicos de países tan diversos y con niveles tan diferentes? En primer lugar, la experiencia de 20 años de docencia, asegura Alicia. En segundo lugar, la selección de obras que puedan tocarse con cualquier instrumento. En tercer lugar hacer arreglos para intentar dar a todos, incluso a los menos expertos, un papel, aunque sea sencillo, para que nadie se quede sin tocar. La cuestión es implicar al máximo número de jóvenes -y también de otros expedicionarios, periodistas, organizadores, profesores- sin que por ello se resienta la calidad de la interpretación.

Esta año el grupo de viento se va a centrar en interpretar danzas del Renacimiento. Los violines ensayan un concerto grosso de Corelli y el canon de Pachebel. El coro prepara el Romance de Cardeño en Sierra Morena para cantarlo durante la Ruta del Quijote y un guineo (canciones compuestas en España de temas americanos). Todos juntos interpretarán obras de dos películas conocidas, La Misión y La Vida es Bella, arregladas por el expedicionario José Emilio Gómez, y una danza de hachas, obra típica de la República Dominicana que se interpretaba para amenizar el trabajo en el campo. Los jóvenes darán pequeños concierto aquí y allá durante todo el viaje pero su gran cita será el festival de Música Joven de Música Clásica de Segovia. Están todos invitados.