Enviado Especial - 29-06-2003
La primera misa, otra vez
Bernardo Marín, Luperón


Una expedicionaria lee las escrituras en la misa celebradda en la playa de La Isabela (Í. Quadra Salcedo).

Hace más de 500 años el benedictino catalán Fray Buil oficiaba, en presencia de Cristóbal Colón, la primera misa en el continente americano, en unas tierras que aún se creían parte de Asia. Era un 6 de enero de 1494 y el escenario de la celebración era la playa de La Isabela, la primera ciudad que se fundó en el Nuevo Mundo. Hoy, en el mismo lugar, con el alba, a la sombra de una ceiba, Jesús Garrido, sacerdote de la Ruta Quetzal BBVA, ha celebrado una eucaristía muy particular en la que un heterogéneo grupo de integrantes de la Ruta Quetzal BBVA -expedicionarios, periodistas, titiriteros- ha recreado, vestidos con rústicos trajes de época confeccionados por ellos mismos, aquel acontecimiento.

La representación, preparada por los catedráticos de Historia Juan Gil y Consuelo Varela, llevaba unos días ensayándose y era el secreto mejor guardado de la Ruta. Por ello los 300 jóvenes que esperaban la Eucaristía con el primer sol de la mañana sentados en las ruinas de la ciudad se han quedado estupefactos cuando Lina, expedicionaria colombiana, ha interrumpido, florete en mano, un disparatado discurso de ambos profesores sobre Colón para contar "la verdadera historia del Almirante".

En escena ha aparecido entonces un cortejo encabezado por el titiritero Salva en el papel de Colón y compuesto además por varias expedicionarias disfrazadas de indígenas, cuatro o cinco soldados y 13 vestidos de frailes, en representación de los 13 religiosos de diferentes órdenes que asistieron aquella primera misa. Abría la marcha un grupo de chicos del aula de música dirigido por la profesora Alicia Lázaro y capitaneada por Melania, sensacional intérprete de la flauta traversera.

La Eucaristía ha comenzado después de que Salva-Colón entregara al oficiante unos ornamentos de color carmesí, supuestamente los que la Reina Isabel la Católica tomó de su propia capilla y dio al Almirante para que honrara la primera misa que se celebrare en Las Indias. Sin embargo, pese al arranque festivo de la misa, el tono de la celebración se ha vuelto grave cuando Jesús Garrido ha recordado a Ignacio Cid Lindoso, expedicionario en 1993 y monitor de la Ruta el pasado año, fallecido hace sólo unos días en un accidente.

Todos los presentes, tanto quienes conocimos a Nacho como los que no, no pudimos por menos que emocionarnos con la sentida homilía de Garrido. Un sencillo ramo de flores fue la ofrenda que la Ruta hizo a un joven enamorado de la Ruta, experiencia que consideraba clave en su vida. Había preparado una página web sobre ella y escribió, poco antes de morir uno de los capítulos del libro de testimonios Todas las expediciones de la Ruta Quetzal, coordinado por el doctor Antonio Franco y de próxima publicación.

Tras la ceremonia dos jóvenes catalanes, Óscar y Marina, han recogido, a golpe de pala, una muestra de tierra de la playa de la Isabela, para entregarla al abad de Montserrat, a cuyo monasterio pertenecía la mayoría de los frailes que participaron en aquella primera misa en América.

Nos quedamos, para cerrar esta crónica con las últimas palabras del testimonio de Nacho para Todas las expediciones de la Ruta Quetzal. "La vida es un continuo viaje por un océano interminable, en busca del final, en busca de la otra orilla".
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