La primera
misa, otra vez
Bernardo
Marín, Luperón

Una expedicionaria lee las escrituras en la misa celebradda
en la playa de La Isabela (Í. Quadra Salcedo).
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Hace más de 500 años el benedictino catalán
Fray Buil oficiaba, en presencia de Cristóbal Colón,
la primera misa en el continente americano, en unas tierras
que aún se creían parte de Asia. Era un 6 de enero
de 1494 y el escenario de la celebración era la playa
de La Isabela, la primera ciudad que se fundó en el Nuevo
Mundo. Hoy, en el mismo lugar, con el alba, a la sombra de una
ceiba, Jesús Garrido, sacerdote de la Ruta Quetzal BBVA,
ha celebrado una eucaristía muy particular en la que
un heterogéneo grupo de integrantes de la Ruta Quetzal
BBVA -expedicionarios, periodistas, titiriteros- ha recreado,
vestidos con rústicos trajes de época confeccionados
por ellos mismos, aquel acontecimiento.
La representación, preparada por los catedráticos
de Historia Juan Gil y Consuelo Varela, llevaba unos días
ensayándose y era el secreto mejor guardado de la Ruta.
Por ello los 300 jóvenes que esperaban la Eucaristía
con el primer sol de la mañana sentados en las ruinas
de la ciudad se han quedado estupefactos cuando Lina, expedicionaria
colombiana, ha interrumpido, florete en mano, un disparatado
discurso de ambos profesores sobre Colón para contar
"la verdadera historia del Almirante".
En escena ha aparecido entonces un cortejo encabezado por el
titiritero Salva en el papel de Colón y compuesto además
por varias expedicionarias disfrazadas de indígenas,
cuatro o cinco soldados y 13 vestidos de frailes, en
representación de los 13 religiosos de diferentes órdenes
que asistieron aquella primera misa. Abría la marcha
un grupo de chicos del aula de música dirigido por la
profesora Alicia Lázaro y capitaneada por Melania, sensacional
intérprete de la flauta traversera.
La Eucaristía ha comenzado después de que Salva-Colón
entregara al oficiante unos ornamentos de color carmesí,
supuestamente los que la Reina Isabel la Católica tomó
de su propia capilla y dio al Almirante para que honrara la
primera misa que se celebrare en Las Indias. Sin embargo, pese
al arranque festivo de la misa, el tono de la celebración
se ha vuelto grave cuando Jesús Garrido ha recordado
a Ignacio Cid Lindoso, expedicionario en 1993 y monitor de la
Ruta el pasado año, fallecido hace sólo unos días
en un accidente.
Todos los presentes, tanto quienes conocimos a Nacho como los
que no, no pudimos por menos que emocionarnos con la sentida
homilía de Garrido. Un sencillo ramo de flores fue la
ofrenda que la Ruta hizo a un joven enamorado de la Ruta, experiencia
que consideraba clave en su vida. Había preparado una
página web sobre ella y escribió, poco
antes de morir uno de los capítulos del libro de testimonios
Todas las expediciones de la Ruta Quetzal, coordinado
por el doctor Antonio Franco y de próxima publicación.
Tras la ceremonia dos jóvenes catalanes, Óscar
y Marina, han recogido, a golpe de pala, una muestra de tierra
de la playa de la Isabela, para entregarla al abad de Montserrat,
a cuyo monasterio pertenecía la mayoría de los
frailes que participaron en aquella primera misa en América.
Nos quedamos, para cerrar esta crónica con las últimas
palabras del testimonio de Nacho para Todas las expediciones
de la Ruta Quetzal. "La vida es un continuo viaje por
un océano interminable, en busca del final, en busca
de la otra orilla".

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