Enviado Especial - 29-07-2003
La cuarta montaña
José Manuel Valenzuela, Barcelona

En el primer tramo de la Ruta Quetzal BBVA 2003 los expedicionarios conmemoraron la celebración de la primera misa en América y ascendieron a las cumbres caribeñas que supusieron el paraíso para Colón. El círculo de esa aventura se cerró en Barcelona, poco antes de la partida de la expedición hacia la entrega de diplomas en Madrid.

El primer día de los jóvenes en la Ciudad Condal fue algo más que una visita turística. El conjunto escultórico que rodea a la estatua en la que Cristóbal Colón señala al Mediterráneo como camino para viajar a las Indias se convirtió en protagonista gracias a la contribución de la Ruta Quetzal a la restauración de dos partes del monumento: la cabeza de un paje que había sido arrancada y que, según algunos, representa en realidad a Hernando Colón, y la mano de la figura de Bernat Boïl, el ermitaño de Montserrat que celebró precisamente aquella primera misa católica en la isla de La Isabela, hoy Santo Domingo.

Precisamente allí, en Santo Domingo, apenas un mes antes, los expedicionarios de la Ruta Quetzal habían recogido tierra del lugar exacto en el que monseñor Boïl celebró el santo oficio en 1494. Esa tierra se convirtió en protagonista cuando los chicos abandonaron Barcelona con destino al cuarto pico de la ruta: Montserrat.

Desde Monistrol, un pequeño pueblo situado en la falda del monte que acoge al famoso monasterio catalán, los expedicionarios inauguraron una nueva senda de montaña que pretende convertirse en un nuevo portal de acceso a Montserrat. Con la bandera catalana al frente, seguida por las de los 44 países con representación en la expedición, los jóvenes emprendieron su última subida, esta vez con destino a la iglesia del monasterio de la vírgen de Montserrat, popularmente conocida como la moreneta.

Una vez arriba, los expedicionarios catalanes y dominicanos subieron al altar para entregar al Abad del monasterio, Josep María Soler i Canals, la tierra recogida en América, que descansa ahora frente al altar situado bajo la figura de la vírgen.

Una primera entrega de diplomas

La aventura está llegando a su final y, prueba de ello, es que los más madrugadores, aquellos cuyos aviones de regreso al Nuevo Continente salen un día antes de la ceremonia final de la Ruta Quetzal, tuvieron que recibir su diploma en la iglesia del monasterio de Montserrat en lugar de esperar a la entrega del último día en la Universidad Complutense de Madrid.

Con la moreneta presidiendo esta despedida por adelantado, una docena de expedicionarios recibió de manos del jefe de campamento, Jesús Luna, el diploma que acredita su participación en esta gran aventura educativa. Los aplausos y los llantos por la inminente despedida aparecieron entre los compañeros, como ya sucediera días antes en la cubierta del Hernán Cortés durante la celebración de la última misa para aquellos que son católicos.