La cuarta
montaña
José Manuel Valenzuela, Barcelona
En el primer tramo de la Ruta Quetzal BBVA 2003 los expedicionarios
conmemoraron la celebración de la primera misa en América
y ascendieron a las cumbres caribeñas que supusieron
el paraíso para Colón. El círculo de esa
aventura se cerró en Barcelona, poco antes de la partida
de la expedición hacia la entrega de diplomas en Madrid.
El primer día de los jóvenes en la Ciudad Condal
fue algo más que una visita turística. El conjunto
escultórico que rodea a la estatua en la que Cristóbal
Colón señala al Mediterráneo como camino
para viajar a las Indias se convirtió en protagonista
gracias a la contribución de la Ruta Quetzal a la restauración
de dos partes del monumento: la cabeza de un paje que había
sido arrancada y que, según algunos, representa en realidad
a Hernando Colón, y la mano de la figura de Bernat Boïl,
el ermitaño de Montserrat que celebró precisamente
aquella primera misa católica en la isla de La Isabela,
hoy Santo Domingo.
Precisamente allí, en Santo Domingo, apenas un mes antes,
los expedicionarios de la Ruta Quetzal habían recogido
tierra del lugar exacto en el que monseñor Boïl
celebró el santo oficio en 1494. Esa tierra se convirtió
en protagonista cuando los chicos abandonaron Barcelona con
destino al cuarto pico de la ruta: Montserrat.
Desde Monistrol, un pequeño pueblo situado en la falda
del monte que acoge al famoso monasterio catalán, los
expedicionarios inauguraron una nueva senda de montaña
que pretende convertirse en un nuevo portal de acceso a Montserrat.
Con la bandera catalana al frente, seguida por las de los 44
países con representación en la expedición,
los jóvenes emprendieron su última subida, esta
vez con destino a la iglesia del monasterio de la vírgen
de Montserrat, popularmente conocida como la moreneta.
Una vez arriba, los expedicionarios catalanes y dominicanos
subieron al altar para entregar al Abad del monasterio, Josep
María Soler i Canals, la tierra recogida en América,
que descansa ahora frente al altar situado bajo la figura de
la vírgen.
Una primera entrega de diplomas
La aventura está llegando a su final y, prueba de ello,
es que los más madrugadores, aquellos cuyos aviones de
regreso al Nuevo Continente salen un día antes de la
ceremonia final de la Ruta Quetzal, tuvieron que recibir su
diploma en la iglesia del monasterio de Montserrat en lugar
de esperar a la entrega del último día en la Universidad
Complutense de Madrid.
Con la moreneta presidiendo esta despedida por adelantado,
una docena de expedicionarios recibió de manos del jefe
de campamento, Jesús Luna, el diploma que acredita su
participación en esta gran aventura educativa. Los aplausos
y los llantos por la inminente despedida aparecieron entre los
compañeros, como ya sucediera días antes en la
cubierta del Hernán Cortés durante la celebración
de la última misa para aquellos que son católicos.
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