Enviado Especial - 27-07-2003
Una Universidad a más de 14 nudos
José Manuel Valenzuela, Mar Mediterráneo


Clase de voleibol en la cubierta de carga del buque Hernán Cortés. (JOSÉ LUIS CUESTA).

En los largos viajes por el Mediterráneo que los expedicionarios de la Ruta Quetzal BBVA realizan en la última etapa de su aventura no hay lugar para el aburrimiento. El buque de transporte anfibio Hernán Cortés se convierte durante el día en una auténtica Universidad flotante, con una apretada agenda de clases de todo tipo de disciplinas para todos los expedicionarios.

La actividad comienza en cubierta con la izada de la bandera a las ocho de la mañana. A partir de ahí, los diferentes grupos se dirigen a las clases programadas. La de aerobic, en el helipuerto de popa; la de esgrima, en la proa; las de masajes y cartelismo, en el resto de la cubierta; y la de música en el puente.

Además, durante el trayecto entre Valencia y Barcelona (unas 12 horas), la tripulación del Hernán Cortés añadió al programa lectivo nuevas disciplinas como la de cabullería, en la que los expedicionarios aprendieron a hacer diferentes tipos de nudos, o la de navegación, en la que los jóvenes pudieron conocer cómo se dirige un buque desde el puesto de mando.

Los integrantes de la Ruta Quetzal aprendieron a situar un barco en medio del Mediterráneo con la ayuda de un radar o de un sistema GPS y comprobaron cómo se define el rumbo de un barco y cómo se corrigen las desviaciones en el trayecto a más de 14 nudos de velocidad (unos 28 kilómetros por hora). Los más interesados llegaron a conocer los secretos de la sala de máquinas, un punto desde el que se controlan los seis motores del Hernán Cortés.

La particular Universidad flotante cerró sus aulas con la llegada del buque de la Armada al puerto de Barcelona poco después de la hora de la cena.