Una Universidad
a más de 14 nudos
José Manuel Valenzuela, Mar Mediterráneo

Clase de voleibol en la cubierta de carga del buque Hernán
Cortés. (JOSÉ LUIS CUESTA).
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En los largos viajes por el Mediterráneo que los expedicionarios
de la Ruta Quetzal BBVA realizan en la última etapa de
su aventura no hay lugar para el aburrimiento. El buque de transporte
anfibio Hernán Cortés se convierte durante el
día en una auténtica Universidad flotante, con
una apretada agenda de clases de todo tipo de disciplinas para
todos los expedicionarios.
La actividad comienza en cubierta con la izada de la bandera
a las ocho de la mañana. A partir de ahí, los
diferentes grupos se dirigen a las clases programadas. La de
aerobic, en el helipuerto de popa; la de esgrima, en la proa;
las de masajes y cartelismo, en el resto de la cubierta; y la
de música en el puente.
Además, durante el trayecto entre Valencia y Barcelona
(unas 12 horas), la tripulación del Hernán
Cortés añadió al programa lectivo nuevas
disciplinas como la de cabullería, en la que los expedicionarios
aprendieron a hacer diferentes tipos de nudos, o la de navegación,
en la que los jóvenes pudieron conocer cómo se
dirige un buque desde el puesto de mando.
Los integrantes de la Ruta Quetzal aprendieron a situar un
barco en medio del Mediterráneo con la ayuda de un radar
o de un sistema GPS y comprobaron cómo se define el rumbo
de un barco y cómo se corrigen las desviaciones en el
trayecto a más de 14 nudos de velocidad (unos 28 kilómetros
por hora). Los más interesados llegaron a conocer los
secretos de la sala de máquinas, un punto desde el que
se controlan los seis motores del Hernán Cortés.
La particular Universidad flotante cerró sus aulas con
la llegada del buque de la Armada al puerto de Barcelona poco
después de la hora de la cena.
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