Chocolate
y delfines
José Manuel Valenzuela, Valencia

Una chica toma chocolate en una mancerina, una taza diseñada
para evitar los problemas que da el mal pulso. (JOSÉ
LUIS CUESTA).
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"Llevaban de bastimentos raíces y granos iguales
a los que se comen en La Española; cierto vino hecho
de maíz semejante a la cerveza de Inglaterra, y muchas
almendras que usan por moneda en la Nueva España, las
que pareció que estimaban mucho porque cuando fueron
puestas en la nave las cosas que traían, noté
que cayéndose algunas de estas almendras, procuraban
todos cogerlas como si se les hubiera caído un ojo".
Estas almendras que describe Hernando Colón, hijo de
Cristóbal, al hablar del cuarto viaje de su padre al
Nuevo Mundo, no son tales. El momento relatado por Hernando
en El Cuarto Viaje Colombino refleja en realidad el primer contacto
de los europeos con un nuevo producto: el cacao.
Hace unos 500 años, tras ese cuarto viaje que ahora
han reproducido los expedicionarios de la Ruta Quetzal BBVA,
el cacao llegó a Europa. En aquella época se establecieron
rutas comerciales para el cacao que tenían como destino
los principales puertos de España, entre ellos el de
Valencia.
En su visita a la ciudad del Turia, los expedicionarios de
la Ruta Quetzal BBVA recordaron la llegada del cacao a Europa
degustando una taza de chocolate frente a la Torre del Miguelete.
Mientras los chicos daban cuenta de la bebida caliente a más
de cuarenta grados de temperatura, uno de sus compañeros
leyó varios párrafos del citado libro de Hernando
Colón, escrito entre 1537 y 1539, sobre el descubrimiento
del cacao por parte de los españoles.
Además, los jóvenes pudieron probar una antigua
receta de cacao en una mancerina, una taza inventada en el siglo
XVII por el Marqués de Mancero, virrey de Toledo, para
evitar que el mal pulso hiciera que el chocolate se derramara.
Pero estando en Valencia, lo que no podía faltar era
una buena paella. Después de acudir a la Lonja de la
ciudad para recordar con el historiador Josep Martí la
creación del Consulado del Mar, uno de los primeros órganos
de justicia especializados en el comercio marítimo, los
expedicionarios se desplazaron hasta la playa de El Saler para
comer una espectacular paella.
La visita a la capital valenciana no se centró sólo
en el pasado, sino que también miró hacia el presente.
Los expedicionarios pasaron la tarde, antes de regresar a su
actual casa y escuela, el buque Hernán Cortés,
en L'Oceanografic, un gran parque temático dedicado a
los animales acuáticos que ha sido inaugurado este mismo
año en la Ciudad de las Artes y las Ciencias. Allí
contemplaron tiburones, belugas, delfines y todo tipo de animales
procedentes de todos los océanos.
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