Enviado Especial - 26-07-2003
Chocolate y delfines
José Manuel Valenzuela, Valencia


Una chica toma chocolate en una mancerina, una taza diseñada para evitar los problemas que da el mal pulso. (JOSÉ LUIS CUESTA).

"Llevaban de bastimentos raíces y granos iguales a los que se comen en La Española; cierto vino hecho de maíz semejante a la cerveza de Inglaterra, y muchas almendras que usan por moneda en la Nueva España, las que pareció que estimaban mucho porque cuando fueron puestas en la nave las cosas que traían, noté que cayéndose algunas de estas almendras, procuraban todos cogerlas como si se les hubiera caído un ojo". Estas almendras que describe Hernando Colón, hijo de Cristóbal, al hablar del cuarto viaje de su padre al Nuevo Mundo, no son tales. El momento relatado por Hernando en El Cuarto Viaje Colombino refleja en realidad el primer contacto de los europeos con un nuevo producto: el cacao.

Hace unos 500 años, tras ese cuarto viaje que ahora han reproducido los expedicionarios de la Ruta Quetzal BBVA, el cacao llegó a Europa. En aquella época se establecieron rutas comerciales para el cacao que tenían como destino los principales puertos de España, entre ellos el de Valencia.

En su visita a la ciudad del Turia, los expedicionarios de la Ruta Quetzal BBVA recordaron la llegada del cacao a Europa degustando una taza de chocolate frente a la Torre del Miguelete. Mientras los chicos daban cuenta de la bebida caliente a más de cuarenta grados de temperatura, uno de sus compañeros leyó varios párrafos del citado libro de Hernando Colón, escrito entre 1537 y 1539, sobre el descubrimiento del cacao por parte de los españoles.

Además, los jóvenes pudieron probar una antigua receta de cacao en una mancerina, una taza inventada en el siglo XVII por el Marqués de Mancero, virrey de Toledo, para evitar que el mal pulso hiciera que el chocolate se derramara.

Pero estando en Valencia, lo que no podía faltar era una buena paella. Después de acudir a la Lonja de la ciudad para recordar con el historiador Josep Martí la creación del Consulado del Mar, uno de los primeros órganos de justicia especializados en el comercio marítimo, los expedicionarios se desplazaron hasta la playa de El Saler para comer una espectacular paella.

La visita a la capital valenciana no se centró sólo en el pasado, sino que también miró hacia el presente. Los expedicionarios pasaron la tarde, antes de regresar a su actual casa y escuela, el buque Hernán Cortés, en L'Oceanografic, un gran parque temático dedicado a los animales acuáticos que ha sido inaugurado este mismo año en la Ciudad de las Artes y las Ciencias. Allí contemplaron tiburones, belugas, delfines y todo tipo de animales procedentes de todos los océanos.