Enviado Especial - 25-07-2003
Vida bajo el mar
José Manuel Valenzuela, Valencia


Una chica sale por la escotilla de un submarino en Cartagena. (JOSÉ LUIS CUESTA).

Los expedicionarios de la Ruta Quetzal BBVA comprobaron que se puede dormir, e incluso vivir con relativa normalidad, en un espacio menor al que ocupan sus literas a bordo del Hernán Cortés. Los jóvenes viajeros visitaron antes de despedirse de Cartagena la flotilla del Arma Submarina de la Armada española. Allí revivieron la época de Isaac Peral, cuando los submarinos no eran más que un proyecto, y comprobaron cómo son los aparatos que surcan el fondo de los mares en la actualidad, unas naves en las que cada centímetro cúbico es vital, en las que se instalan catres sobre torpedos capaces de hundir barcos y en las que un pequeño hueco puede ser suficiente para montar una cocina. Los marineros fueron los cicerones, los encargados de recorrer junto a los jóvenes el interior de los submarinos y los que animaron la visita con sus anécdotas de la vida a más de 100 metros bajo el nivel del mar.

Tras la visita de la expedición a la flotilla estaba previsto el inmediato embarco en el Hernán Cortés para partir rumbo a Valencia, pero en toda aventura hay imprevistos, y un pequeño accidente a la hora de remolcar el buque retrasó la salida del puerto más de tres horas. El retraso en la navegación no alteró el programa académico, que se centró en las actividades deportivas: aerobic para los más marchoso, en la cubierta del buque, y esgrima y voleibol para el resto en las bodejas del Hernán Cortés.

El mus del autobús

No todos los expedicionarios pueden disfrutar de las clases que diariamente se reciben a bordo. Un pequeño grupo de lesionadas, Marta (Madrid), Tania (A Coruña) y Paloma (San José de Costa Rica), no puede viajar en el Hernán Cortés, por lo que ha tenido que desplazarse en el mismo autobús que los periodistas que seguimos la Ruta Quetzal BBVA. Ahí, Marta y Tania también han tenido su propio cursillo, ya que varios de los enviados a cubrir el viaje han enseñado a las chicas a jugar al mus.

La partida comenzaron en las afueras de Cartagena y llegaron hasta que el autobús cruzó Alicante. Más de tres horas. La victoria fue para Tania, que jugó de pareja con su profesor particular, el enviado de La Voz de Galicia.