Vida bajo
el mar
José Manuel Valenzuela, Valencia

Una chica sale por la escotilla de un submarino en Cartagena.
(JOSÉ LUIS CUESTA).
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Los expedicionarios de la Ruta Quetzal BBVA comprobaron que
se puede dormir, e incluso vivir con relativa normalidad, en
un espacio menor al que ocupan sus literas a bordo del Hernán
Cortés. Los jóvenes viajeros visitaron antes
de despedirse de Cartagena la flotilla del Arma Submarina de
la Armada española. Allí revivieron la época
de Isaac Peral, cuando los submarinos no eran más que
un proyecto, y comprobaron cómo son los aparatos que
surcan el fondo de los mares en la actualidad, unas naves en
las que cada centímetro cúbico es vital, en las
que se instalan catres sobre torpedos capaces de hundir barcos
y en las que un pequeño hueco puede ser suficiente para
montar una cocina. Los marineros fueron los cicerones,
los encargados de recorrer junto a los jóvenes el interior
de los submarinos y los que animaron la visita con sus anécdotas
de la vida a más de 100 metros bajo el nivel del mar.
Tras la visita de la expedición a la flotilla estaba
previsto el inmediato embarco en el Hernán Cortés
para partir rumbo a Valencia, pero en toda aventura hay
imprevistos, y un pequeño accidente a la hora de remolcar
el buque retrasó la salida del puerto más de tres
horas. El retraso en la navegación no alteró el
programa académico, que se centró en las actividades
deportivas: aerobic para los más marchoso, en la cubierta
del buque, y esgrima y voleibol para el resto en las bodejas
del Hernán Cortés.
El mus del autobús
No todos los expedicionarios pueden disfrutar de las clases
que diariamente se reciben a bordo. Un pequeño grupo
de lesionadas, Marta (Madrid), Tania (A Coruña) y Paloma
(San José de Costa Rica), no puede viajar en el Hernán
Cortés, por lo que ha tenido que desplazarse en el
mismo autobús que los periodistas que seguimos la Ruta
Quetzal BBVA. Ahí, Marta y Tania también han tenido
su propio cursillo, ya que varios de los enviados a cubrir el
viaje han enseñado a las chicas a jugar al mus.
La partida comenzaron en las afueras de Cartagena y llegaron
hasta que el autobús cruzó Alicante. Más
de tres horas. La victoria fue para Tania, que jugó de
pareja con su profesor particular, el enviado de La Voz de
Galicia.
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