Enviado Especial - 23 y 24-07-2003
Noches de flamenco y blues
José Manuel Valenzuela, Málaga / Cartagena


Un expedicionario baila junto a un grupo flamenco en el castillo malagueño de Gibralfaro. (JOSÉ LUIS CUESTA).

Es necesario recurrir a los tópicos y hablar de "marcos incomparables" para describir las dos últimas veladas protagonizadas por los expedicionarios de la Ruta Quetzal BBVA. El primero de los escenarios fue el castillo de Gibralfaro, una fortaleza militar recuerdo de la dominación musulmana que preside la ciudad de Málaga desde las alturas. Mientras el buque Hernán Cortés entraba en el puerto de la capital de la Costa del Sol al pie del castillo, los viajeros reponían fuerzas dando buena cuenta de una abundante cena en los jardines del que fuera un ejemplo del poder musulmán en la zona.

A la comida siguió la fiesta, protagonizada por un grupo de flamenco que no tardó en buscar "espontáneos" bailaores entre los miembros de la expedición. Hubo bastantes atrevidos que trataron de emular junto a los verdaderos artistas a los mismísimos Joaquín Cortés o Sara Baras, pero la sorpresa llegó desde el otro lado del charco. Kirk Anthony Sean, desde Jamaica, y Donald Fritz, desde Haití, siguieron a buen ritmo en el escenario los pasos que marcaban las bailaoras.

Y de ahí, al buque, para pasar la noche y desembarcar en Cartagena por la tarde del día siguiente. Después de unas horas de playa, los jóvenes viajeros de la Ruta Quetzal BBVA se desplazaron hasta la Universidad de Cartagena, en cuyo claustro estaba el segundo de los escenarios citados. Dentro del Festival Internacional de Música del Mediterráneo, los expedicionarios asistieron, en la misma Universidad, al concierto de The Sir Aligator's Company, un sexteto de viento reforzado por una batería que se dedicó a repasar grandes clásicos del jazz, el rock y el soul.

En el claustro, los chicos bailaron al ritmo de The Beatles, Aretha Franklin, Queen, The Rolling Stones, Frank Sinatra, Tom Jones o The Mamas and the Papas. Incluso uno de ellos se animó a subir al escenario asegurando ser el mismísimo Stevie Wonder. Los saltos, los cánticos y las palmas dieron paso a la última actividad del día: la visita, ya de noche, al teatro romano de Cartagena.

Tampoco allí faltó la música, que ha inundado las actividades de la Ruta en los últimos días. Mientras un guía explicaba a los aventureros el origen del monumento en el que se encontraban, invadían el ambiente las notas de un piano: el del mismísimo Michael Nyman, que actuaba ante cientos de personas en un parque contiguo.