Noches de
flamenco y blues
José Manuel Valenzuela, Málaga
/ Cartagena

Un expedicionario baila junto a un grupo flamenco en el
castillo malagueño de Gibralfaro. (JOSÉ LUIS
CUESTA).
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Es necesario recurrir a los tópicos y hablar de "marcos
incomparables" para describir las dos últimas veladas
protagonizadas por los expedicionarios de la Ruta Quetzal BBVA.
El primero de los escenarios fue el castillo de Gibralfaro,
una fortaleza militar recuerdo de la dominación musulmana
que preside la ciudad de Málaga desde las alturas. Mientras
el buque Hernán Cortés entraba en el puerto de
la capital de la Costa del Sol al pie del castillo, los viajeros
reponían fuerzas dando buena cuenta de una abundante
cena en los jardines del que fuera un ejemplo del poder musulmán
en la zona.
A la comida siguió la fiesta, protagonizada por un grupo
de flamenco que no tardó en buscar "espontáneos"
bailaores entre los miembros de la expedición. Hubo bastantes
atrevidos que trataron de emular junto a los verdaderos artistas
a los mismísimos Joaquín Cortés o Sara
Baras, pero la sorpresa llegó desde el otro lado del
charco. Kirk Anthony Sean, desde Jamaica, y Donald Fritz, desde
Haití, siguieron a buen ritmo en el escenario los pasos
que marcaban las bailaoras.
Y de ahí, al buque, para pasar la noche y desembarcar
en Cartagena por la tarde del día siguiente. Después
de unas horas de playa, los jóvenes viajeros de la Ruta
Quetzal BBVA se desplazaron hasta la Universidad de Cartagena,
en cuyo claustro estaba el segundo de los escenarios citados.
Dentro del Festival Internacional de Música del Mediterráneo,
los expedicionarios asistieron, en la misma Universidad, al
concierto de The Sir Aligator's Company, un sexteto de viento
reforzado por una batería que se dedicó a repasar
grandes clásicos del jazz, el rock y el soul.
En el claustro, los chicos bailaron al ritmo de The Beatles,
Aretha Franklin, Queen, The Rolling Stones, Frank Sinatra, Tom
Jones o The Mamas and the Papas. Incluso uno de ellos se animó
a subir al escenario asegurando ser el mismísimo Stevie
Wonder. Los saltos, los cánticos y las palmas dieron
paso a la última actividad del día: la visita,
ya de noche, al teatro romano de Cartagena.
Tampoco allí faltó la música, que ha inundado
las actividades de la Ruta en los últimos días.
Mientras un guía explicaba a los aventureros el origen
del monumento en el que se encontraban, invadían el ambiente
las notas de un piano: el del mismísimo Michael Nyman,
que actuaba ante cientos de personas en un parque contiguo.
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