Aventura
en un castillo de La Mancha
Ana Arasanz, Consuegra

La Ruta Quetzal pasó la noche en el Castillo de la
Muebla. (José Luis Cuesta).
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Ya ha oscurecido y toca organizarlo todo para que los huesos
descansen. Hay que alojar a más de 350 personas en un castillo,
así que monitores y expedicionarios se ponen manos a la obra.
En la Ruta Quetzal BBVA los chavales siempre deben utilizar
sus tiendas para acampar, pero esta vez se ha hecho una excepción
y los chicos podrán dormir al raso en este castillo de Consuegra
que por unas horas será convertido en posada. En vez de jergones
habrá sacos de dormir y esterillas, pero hay que encontrar los
rincones más adecuados para el descanso. Queda totalmente descartada
la mazmorra, que hemos visto esta tarde, aunque es inevitable
que surjan bromas al respecto. Tampoco serán necesarias guardias
en las torres. No esperamos a ningún enemigo, sino es el fantasma
de rigor.
El castillo y los molinos están iluminados y ofrecen un paisaje
más que atractivo para esta noche. La mayoría nos instalamos
en dos miradores y esperamos ver un amanecer prometedor. Los
chavales están entusiasmados con la perspectiva de dormir bajo
un cielo totalmente despejado y plagado de estrellas. Se ha
hecho un poco tarde y hoy casi no va a haber tiempo para la
charleta nocturna de rigor.
Los jóvenes aventureros de la Ruta Quetzal van cayendo rendidos.
El alcalde de Consuegra les previno contra los fuertes vientos
que soplan en esta zona, aunque el sueño será tan profundo que
a duras penas lo notarán. Sólo se escuchan ya los sonidos lejanos
de los más incombustibles bromistas y alguna tos que pretende
romper los ronquidos de algunos. Hay que concentrarse en el
descanso. Hay que madrugar, una costumbre que también imitaremos
del Caballero de la Triste Figura.
Buenos días, tía María
Ha amanecido un poco más tarde de lo previsto, y los chavales
aplauden el espectáculo y muchos aseguran que esta ha sido la
mejor noche de todas. Ahora toca desperezarse y levantar el
campamento. Aquí entra en acción, como cada día, el jefe de
campamento, Luna, que da un curioso y tradicional buenos días
que comienza con el "qué bonito es despertar.."
No nos detenemos a desayunar ahora. Hay un plan mejor: En Puero
Lápice nos espera un auténtico manjar...
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