Enviado Especial - 18-07-2003
Aventura en un castillo de La Mancha
Ana Arasanz, Consuegra


La Ruta Quetzal pasó la noche en el Castillo de la Muebla. (José Luis Cuesta).

Ya ha oscurecido y toca organizarlo todo para que los huesos descansen. Hay que alojar a más de 350 personas en un castillo, así que monitores y expedicionarios se ponen manos a la obra. En la Ruta Quetzal BBVA los chavales siempre deben utilizar sus tiendas para acampar, pero esta vez se ha hecho una excepción y los chicos podrán dormir al raso en este castillo de Consuegra que por unas horas será convertido en posada. En vez de jergones habrá sacos de dormir y esterillas, pero hay que encontrar los rincones más adecuados para el descanso. Queda totalmente descartada la mazmorra, que hemos visto esta tarde, aunque es inevitable que surjan bromas al respecto. Tampoco serán necesarias guardias en las torres. No esperamos a ningún enemigo, sino es el fantasma de rigor.

El castillo y los molinos están iluminados y ofrecen un paisaje más que atractivo para esta noche. La mayoría nos instalamos en dos miradores y esperamos ver un amanecer prometedor. Los chavales están entusiasmados con la perspectiva de dormir bajo un cielo totalmente despejado y plagado de estrellas. Se ha hecho un poco tarde y hoy casi no va a haber tiempo para la charleta nocturna de rigor.

Los jóvenes aventureros de la Ruta Quetzal van cayendo rendidos. El alcalde de Consuegra les previno contra los fuertes vientos que soplan en esta zona, aunque el sueño será tan profundo que a duras penas lo notarán. Sólo se escuchan ya los sonidos lejanos de los más incombustibles bromistas y alguna tos que pretende romper los ronquidos de algunos. Hay que concentrarse en el descanso. Hay que madrugar, una costumbre que también imitaremos del Caballero de la Triste Figura.

Buenos días, tía María

Ha amanecido un poco más tarde de lo previsto, y los chavales aplauden el espectáculo y muchos aseguran que esta ha sido la mejor noche de todas. Ahora toca desperezarse y levantar el campamento. Aquí entra en acción, como cada día, el jefe de campamento, Luna, que da un curioso y tradicional buenos días que comienza con el "qué bonito es despertar.." No nos detenemos a desayunar ahora. Hay un plan mejor: En Puero Lápice nos espera un auténtico manjar...