Tras la huella
del Quijote
Ana Arasanz, Consuegra

Los jóvenes ruteros, junto a los molinos de Consuegra.
(José Luis Cuesta).
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Aunque sólo siete chavales de la Ruta Quetzal BBVA confiesan
haber leído íntegramente el Quijote, todos llevan en la mochila
una edición que les ha facilitado la Junta de Castilla-La Mancha
en las vísperas de del IV Centenario de la edición de la primera
parte de la obra de Miguel de Cervantes. Con el libro cerca,
los más de 300 expedicionarios siguen en tierras manchegas el
rastro de aquel hidalgo desfacedor de entuertos. No en vano,
ellos también son unos aventureros. Entramos en Consuegra (Ciudad
Real), una población de 10.000 habitantes marcada por el Quijote,
como otros lugares de la comarca. No muy lejos de aquí podría
haber sido armado caballero el famoso hidalgo. Desde el Castillo
de la Muebla (una construcción de los siglos X al XIII) observamos
la llanura más extensa de la Península, con unos 40 kilómetros
a la redonda a nuestra vista. Es un lugar desde el que no sólo
se disfruta de una uniforme llanura que proporciona tranquilidad,
sino desde el que se contempla unos atardeceres excepcionales.
Sin embargo, el profesor Rafael González les ha explicado a
los expedicionarios que no es éste el paisaje que Cervantes
tomó como modelo para El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de
la Mancha. Donde ahora vemos viñedos y olivos, el genio
divisó montes y bosques bajos. Pero el escenario resulta mucho
más que válido. Cerca del Castillo, hay once molinos de viento
que hacen fácil imaginar aquellos gigantes que creyó ver el
Caballero de la Triste Figura. Los expedicionarios dormirán
hoy en este privilegiado escenario. Bajo un intenso calor (hay
pocas sombras donde cobijarse y hasta las mesas de un estratégico
chiringuito son válidas para dar una pequeña tregua al sol)
y con un viento que nos llena la cara de polvo los chavales
han visitado esos molinos, el castillo donde pasarán la noche,
y más tarde han bajado al son de sus músicos a la ciudad, ya
tomada por 300 jóvenes hidalgos con mochilas.
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