Enviado Especial - 6-07-2003
¿Quién anda ahí?
José Luis Regueira, Observatorio de Arecibo


Los jóvenes saludan a las estrellas desde Arecibo (José Luis Cuesta).

"El futuro de la investigación del Universo está en la utopía de colocar fuera de nuestro planeta, en la cara oculta de la Luna, radiotelescopios y observatorios astronómicos". Quien así habló fue Daniel Roberto Altschuler, uruguayo de nacimiento, estadounidense de formación científica, y canario de deseo vital, director del mayor radiotelescopio que existe en el mundo, el de Arecibo (región centroccidental de Puerto Rico) y anfitrión de excepción para los jóvenes de la Ruta Quetzal BBVA, la mayoría de los cuales se sintieron asombrados por la magnitud de la semiesfera (325 metros de diámetro) y la antena suspendida a decenas de metros, en mitad de una selva inextricable, que recibe proyectos de todo el mundo para desentrañar los misterios del universo y buscar, mediante la emisión de ondas radiofónicas, una respuesta de una eventual inteligencia extraterrestre, asunto este que no ha dado resultado alguno hasta el momento, salvo para los productores de la película "Contact".

Los expedicionarios pasaron la jornada del domingo 6 el radiotelescopio, visitando las instalaciones y atentos a todas las explicaciones, ya fueran sobre investigación astronómica o acerca de la colosal obra de ingeniería que se inició en 1960 y se reforma día a día. La semiesfera del radiotelescopio fue construida aprovechando una depresión del terreno y sobre la misma se colocó la gigantesca antena para recibir la luz que proviene de los astros siderales y aplicar las mediciones de espacio y tiempo en el estudio y desarrollo del universo. Pero el 5 por ciento de las actividad del radiotelescopio se dedica a realizar labores de rádar para calibrar distancias entre planetas o perfilar el volumen de astros que de ayude a biólogos y exploradores espaciales. Altschuler explicó que los mapas radiotelegrafiados obtenidos de Titán (permanentemente envuelto en gas e invisible para los observatorios tradicionales), una de las lunas de Saturno, ha posibilitado que la NASA decidiera enviar en 2004 una nave de exploración al satélite tras comprobar ciertos misterios en su entorno, como la posibilidad de que haya agua.

Daniel Altschuler es, a más de gentil y sabio, un extraordinario divulgador, como pudieron comprobar los expedicionarios de Ruta Quetzal, la mayoría de los cuales estaban más interesados en conocer aspectos de la búsqueda de vida extraterrestre que sobre las áridas y arcanas explicaciones sobre mediciones de púlsares, masas negras o contabilidad sobre la edad del cosmos.El profesor es contundente frente a un retrato de Einstein, "un tipo listo y simpático", según Altschuler, cuando denuncia la superchería que rodea al fenónemo de los ovnis, pero cree que "hay vida fuera de la Tierra", a la pregunta de la expedicionaria española Macarena Ruiz, "pero no piense en enanos verdes con antenas, sino en bacterias y microorganismos". No es menos contundente con la mexicana Silvia Libertad Cambero al responder que durante todos estos años "jamás han recibido señales que les hayan alarmado, como pudiera ser una colisión inminente con un meteoro", preguntas todas muy relacionadas con el mundo cinematográfico, pero después de escuchar al profesor lo seguro fue la llegada a Arecibo del agente James Bond (Pierce Brosnan) para filmar escenas de "Golden Eyes", no hay que buscar "Expedientes X".

Altschuler es también un humanista y así declara que el planeta Tierra no está amenazado por peligros estelares, ni platillos, alienígenas y asteroides, sino "por las brutalidades y agresiones entre los propios seres humanos" y "la culpa de los propios científicos, que somos incapaces de implicar a ciudadanos y gobiernos en el apoyo a la investigación".

Los expedicionarios de la Ruta Quetzal BBVA, tan acostumbrados a convivir con recuerdos del pasado hispanomericano, estudiar restos arqueológicos, rememorar hazañas de conquistadores y navegantes, defender el desarrollo medioambiental de las tierras de América y admirar a los próceres que lograron su indepoendencia, tuvieron en Arecibo una lección magistral sobre los que aún no ha ocurrido.