4 de julio en Puerto Rico
José Luis Regueira, Ponce

Los jóvenes desembarcan en el puerto de Mayagüez
(José Luis Cuesta).
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La Ruta Quetzal BBVA desembarcó en las proximidades
del mediodía del 4 de julio en el puerto de Mayagüez,
Puerto Rico (Estado Libre Asociado) a los Estados Unidos de
Norteamérica. Era, por tanto, día festivo en la
Isla del Encanto y, como ocurre en tantos países, las
familias puertorriqueñas atiborraron las playas a lo
largo del litoral que separa la ciudad porturaria del primer
objetivo de la expedición en la isla boricua: la colonial
ciudad de Ponce, en el extremo sur.
El 4 de julio en Puerto Rico no ondeaban las barras y estrellas
en las calles, ni se cocinaba pastel de manzana o sonaba música
country. En los azarosos trámites aduaneros de
la US Inmigration para descender del ferry Caribbean Express,
que transportó a los 300 jóvenes iberoamericanos
desde Santo Domingo, fueron de principio a fin en español
y la primera y única referencia al idioma inglés
fue un gracioso Okeil del oficial de fronteras cuando
estampaba el último sello en los pasasportes. Porque
en el Estado Libre Asociado de Puerto Rico la lengua española
es de uso común y general por todo el país.
Mayagüez fue la entrada de la Ruta Quetzal en tierras
puertorriqueñas precisamente la jornada que conmemora
la independencia de EEUU y ha sido esta ciudad donde primero
se cruzaron los destinos de Puerto Rico y Estados Unidos. A
lo largo de su historia, la ciudad portuaria del estremo oeste
de la isla se distinguió por la defensa de las ideas
liberales y autonomistas. De ese modo, cuando en 1777 los goletas
rebeldes norteamericanas Eudawook y Henry se refugiaron
en la espaciosa y tranquila bahía mayagüense huyendo
de la fragata inglesa "Glasgow", que tenía
sus cañones a punto, los lugareños se conjuraron
a favor de los independentistas a quienes socorrieron e izaron
la bandera española (oficialmente en paz con Inglaterra)
en los veleros. La queja del comandante inglés al entonces
gobernador de Puerto Rico tuvo como respuesta la amenaza de
cañonear la Glasgow, que, entonces, viró
en redondo y puso popa a la isla.
Avatares de la historia, un siglo después, puso frente
a frente a los descendientes de los protagonistas del "incidente
de las goletas" que plantaron cara al imperio británico.
Una pequeña compañia regular del ejército
criollo con la ayuda de 25 guerrilleros tuvo inmovilizados durante
días, a las puertas en Mayagüez, a 1.700 hombres
del general estadounidense en la guerra de 1898. Los resistentes
sucumbieron cuando se les terminó la munición.
La tierra que visita la Ruta Quetzal ha sido siempre una sucesión
de encuentros y enfrentamientos entre españoles, criollos
y norteamericanos, una tierra de gente extrovertida que mezcla
una confusa estética tipica de EE UU con otros aspectos
inequivocamente latinos y caribeños. La policía
viste de forma igual a como lo hacen sus colegas del norte,
la señalización de carreteras y calles están
calcadas de Estados Unidos, pero la palabra "pare"
sustituye siempre a "stop", los límites de
velocidad se marcan en millas, pero las distancias se establecen
en kilómetros, "lo que es bien complicado"
para Elan Cruz, un comerciante de San Juan de ascendencia catalana.
Las casas de la clase media son idénticas a los barrios
de Costa Rica, por ejemplo, y nada que ver con las viviendas
de EE UU. Eso sí, en época escolar, las calles
se llenan de los conocidos autobuses escolares amarillos, que
sirven ahora para el transporte de los ruteros de Quetzal BBVA.
Las encuestas de opinión otorgan un crecimiento a los
partidarios de convertir la isla en el 51 estado de la Unión
(en torno al 43 por ciento), pero por todas partes hay demostraciones
de mantener la peculiaridad latina, a través del idioma
español, desde luego, airear su historia anterior a 1898
y fomentar su folclore de raices hispanas, indias y africanade
Ps o la más moderna y exportable "salsa". Los
partidarios de mantener el estatuto actual llega al 52 por ciento
y la opción clramente independentista obtiene como máximo
el 5 por cien de los sufragios.
La ciudad de Ponce, la segunda del país, tiene a gala
y como divisa el señorío y la ilustración
de sus gentes, de modo que los ponceños se sienten muy
ufanos y "proceros" (chulescos, es el término
puertorriqueño) cuando pregonan que "Ponce es Ponce
y lo demás es un aparcamiento". El asunto lo remata
el alcalde de la ciudad, Rarfael Cordero, al que todo el país
conoce con el apelativo cariñoso de "Churubita"
(peonza en el español de Puerto Rico) y hasta le ríen
sus extravagancias, como querer otorgar un pasaporte expedido
en Ponce sin validez oficial. Los nacionales de la isla tienen
el documento oficial de EE UU. Lo que resulta cierto es que
Ponce puede estar orgullosa de su patrimonio colonial, aunque
se circunscriba a un radio de 300 metros plagados de edificios
con solera, con cuidadas y limpias calles, pese a que la mayoría
de sus edificios tengan las fachadas con empalagosos colores
pastel.
El recibimiento oficial a los expedicionarios sirvió
a las autoridades puertorriqueñas para reivindicar la
naturaleza iberoamericana de la isla. La Ruta Quetzal, el proyecto
de cooperación juvenil y educativo más importante
que existe ambas orillas del Atlántico, les resultó
una coartada perfecta. Tanto el representante de la gobernadora,
Sila Calderón, el secretario de Estado César Rey,
como la concejala de Cultura de Ponce, Vainge Rivera, se refirieron
a los 300 jóvenes como "el pilar de lo que debe
ser la futura Comunidad Iberoamericana de Naciones" donde,
por cierto, Puerto Rico solamente tendrá estatuto de
observador en la próxima cumbre.
La Ruta Quetzal BBVA alcanzó Puerto Rico después
de una travesía alegre, confortable y con abundante comida
por el Canal de la Mona. Los expedicionarios comenzaron a olvidar
entonces muchas penalidades y angustias que dejaron en el Pico
Duarte dominicano. Pero la expedición, a partir de ahora,
como dirían sus anfitriones boricuas, no será
todo "una jodedera" (un fiesta y alegría permanente),
volverán acampadas, marchas y el rancho, acaso, con alguna
variante como arroz con pollo y ensalada, o bien, ensalada de
pollo con arroz. Pero hasta entonces, los jóvenes disfrutaron
de un lugar de ensueño donde plantaron sus tiendas, en
un altozano sobre las las laderas del hermoso valle de Adjuntas,
un entorno medioambiental que la sociedad civil de la zona consiguió
arrebatar a las pretensiones de multinacionales mineras sin
escrúpulos, tras un combate legal de una década.
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